Joana Vasconcelos, entre el arte y el show business

Vistas de sala de la exposición Joana Vasconcelos. Transfiguración. Foto: Jesús Domínguez © Museo Picasso Málaga © Joana Vasconcelos, VEGAP, Málaga, 2026

Reyi Pérez Castillo / Ars Operandi

Agridulce. Pero lo agrio resulta intenso y lo dulce no deleita en profundidad. Transfiguración de Joana Vasconcelos llegó al Museo Picasso Málaga a finales de mayo y nos abandona cuando las temperaturas comienzan su descenso. Visitar un museo en esta época del año no es mala idea, incluso nuestro gobierno recomienda su uso a modo de refugio climático. Dicha cuestión no me parecía en absoluto relevante hasta que visité la sala (hasta en dos ocasiones) y descubrí que el gentío turístico, llamado por el buen arte y empujado al museo por el calor asfixiante, completaba el sentido de algunas obras de la portuguesa —para mi desgracia—.

Vistas de sala de la exposición Joana Vasconcelos. Transfiguración. Foto: Jesús Domínguez © Museo Picasso Málaga © Joana Vasconcelos, VEGAP, Málaga, 2026

El desembarco de Vasconcelos en instituciones como la citada congratula tremendamente a los amantes del arte en nuestra comunidad, qué duda cabe. Nadie como ella ha conseguido hacernos reflexionar sobre la poética de los objetos cotidianos, y cómo esa tímida acumulación, propia de países con aspiraciones (Portugal o España, por ejemplo), habla más de nosotros que nosotros mismos. Así, la exposición nos brinda la oportunidad de disfrutar de instalaciones que huelen a otros tiempos y resultan más acertadas en la carrera de la artista. Pienso en Vista interior (2000), en la que Vasconcelos realiza un retrato exacto de cierta clase media-baja sureuropea de los años 80/90, y lo hace compactando dentro de un quiosco transparente objetos cotidianos de aquellas décadas en una suerte de cápsula del tiempo ibero-pop.

Vistas de sala de la exposición Joana Vasconcelos. Transfiguración. Foto: Jesús Domínguez © Museo Picasso Málaga © Joana Vasconcelos, VEGAP, Málaga, 2026

Sin embargo, la exposición pierde tono y profundidad en las instalaciones de tipo monumental. No es que lo monumental sea problemático en Vasconcelos, una artista que está acostumbrada a trabajar las grandes dimensiones y a resolverlas sin dificultad. Es que lo monumental en esta exposición se alía con lo espectacular y, lo que es peor aún, con lo facilón. Que el lazo gigantesco de J’ Adore Miss Dior (2017), elaborado con pequeños botes del célebre perfume, se venda como un símbolo del universo y la mirada femenina es de una superficialidad y un cliché tan grande como el propio lazo. Ocurre igual con Carmen (2001), una estructura de lámpara chandelier de la que cuelgan pendientes baratos de flamenca. Lo más disfrutable de esta instalación se reduce al hilo musical (la Habanera de Bizet) y el juego de sombras que proyecta la pieza es entretenido. Estas y otras obras caminan peligrosamente entre lo verdaderamente artístico y el visual merchandisign.

Vistas de sala de la exposición Joana Vasconcelos. Transfiguración. Foto: Jesús Domínguez © Museo Picasso Málaga © Joana Vasconcelos, VEGAP, Málaga, 2026

Tenemos, entonces, la receta perfecta para que gran parte de las obras se conviertan en contenido de usar y tirar, fondos de reel. ¿Entienden ahora aquello de las hordas de guiris en sala? Tengo serias sospechas de que esta ha sido una exposición que ha encantado a un público generalista, es decir, al que desconoce la sustancia real de Vasconcelos.

A mis suspicacias y reparos respecto a la monumentalidad y la «escaparatización» de la exposición se suman los nombres de marcas que patrocinan ciertas obras como la citada Dior. Asimismo, sobrevuela en mi cabeza, debo admitirlo, la idea de ese macroatelier con departamentos especializados en diversas artesanías, arquitectura… que materializa las obras de la portuguesa. Nada de esto es reprochable, menos hoy día (tendríamos que enjuiciar a Zurbarán y otros tantos), pero este prurito capitalista y colosal acaba opacando cuestiones que siempre han sido relevantes en el trabajo de la artista como la identidad local o el papel de la mujer en los últimos 40 años. Está presente, sí, pero tras capas y capas de sensacionalismo.

Vistas de sala de la exposición Joana Vasconcelos. Transfiguración. Foto: Jesús Domínguez © Museo Picasso Málaga © Joana Vasconcelos, VEGAP, Málaga, 2026

Sus obras textiles me brindaron algunas alegrías. Me refiero, concretamente, a Valkyrie Marina Rinaldi (2014), una gigantesca instalación (cómo no) hecha con distintos retales textiles cuya estructura biomórfica activa ciertas sensaciones surrealistas. Poco importa que la inspiración de la pieza fueran las Valquirias de la mitología nórdica, porque su morfología proyecta la fuerza de lo blando, de lo sutil e, incluso, del trabajo colectivo. Este magnífico bicho, probablemente femenino, toca a la puerta de nuestro subconsciente y nos avasalla. Aquí sí, aquí lo monumental no es ramplón. Del mismo modo, Floresta encantada (2024) nos invitaba a adentrarnos en una suerte de cueva o extraño paisaje subacuático plagado de pequeñas luces leds y una suave música que hacen aflorar cierta fascinación infantil. Pero, hasta aquí. Nuestra experiencia queda truncada por la imperiosa necesidad que sienten muchos «exploradores» de grabar con su móvil el viaje a las profundidades de este extraño planeta, o de hacer una videollamada, destrozando por completo la fantasía abisal. ¿Qué le vamos a hacer? El mundo hoy es así. Me pregunto si la artista diseñó esta enorme oscuridad para hacernos soñar con otros mundos y si, de paso, creó un carísimo photocall.


Transfiguración.  Joana Vasconcelos

Comisario: Miguel López-Remiro

Museo Picasso Málaga.

Desde el 29 de mayo al 27 de septiembre de 2026


 

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