
El Ateneo de Madrid se consolidó en la década de los sesenta como uno de los principales espacios de renovación de la plástica española. Sus salas de exposiciones dieron cabida a las nuevas corrientes de la modernidad y contribuyeron a conectar la creación nacional con los lenguajes artísticos internacionales. Ya desde los años cincuenta, el régimen franquista había comenzado a abandonar el academicismo de la posguerra para intentar aproximarse a corrientes de vanguardia como la abstracción o el informalismo con el objetivo de procurarse legitimación y homologación cultural. En ese contexto, el Ateneo se desenvolvió en una situación delimitada entre el control institucional y una creciente apertura en su actividad artística. La incorporación de nuevas corrientes y lenguajes de vanguardia amplió el campo de sus propuestas, al tiempo que la dictadura aprovechaba esta renovación cultural para reforzar su imagen de modernidad y favorecer su legitimación en el ámbito internacional.
Durante este tiempo, la Sala del Prado del Ateneo acogió la obra de numerosos creadores que contribuyeron a definir la vanguardia española del momento, entre ellos Manolo Millares, Modest Cuixart, Martín Chirino, César Manrique, Lucio Muñoz, Manuel Rivera, José Mª de Labra, Antonio Suárez, Juan Guillermo, Guinovart, Ráfols Casamada, o Eusebio Sempere, entre otros muchos. Una apertura que se extendió también al ámbito internacional con la presencia de figuras como Hans Hartung, Emilio Vedova, Max Weiss, Osvaldo Licini, Dimitri Perdikidis, Zao Wou Ki, Norman Narotzky, Will Faber y Carlo Zauli. En este amplio panorama estuvieron igualmente representados con sendas exposiciones individuales dos artistas cordobeses: Isabel Santaló en 1958 con una muestra realizada tras una beca de residencia en Italia, y tres años más tarde, Antonio Povedano, quien por entonces ya había participado en las bienales de Venecia (1958) y São Paulo (1959).
Número 34 de Cuadernos de Arte publicado por el Ateneo de Madrid en 1958 dedicado a la obra de Isabel Santaló.
Para documentar y dar soporte teórico a esta intensa actividad expositiva, el Ateneo publicó la emblemática colección Cuadernos de Arte, —dirigida por Vicente Cacho Viu en sus inicios, de 1956 a 1957, José Luis Tafur de 1957 a 1961 y Carlos Antonio Areán en 1962—, una línea editorial que llegó a reunir más de 100 cuidadas monografías en las que cada volumen funcionaba como catálogo de la muestra y como estudio crítico, incluyendo biografías y reproducciones de las obras. El valor documental de estos cuadernos radica no solo en la ingente lista de artistas sino también en la excelencia de sus colaboradores, entre los que se incluyen algunas de las firmas de más peso de la intelectualidad de posguerra. De esta manera, los textos de los catálogos no se limitaron contar con especialistas del ámbito plástico, sino que propiciaron un diálogo interdisciplinar con aproximaciones a las obras de los artistas por parte de teóricos de la vanguardia española como Alexandre Cirici Pellicer, José María Moreno Galván, Cirilo Popovici, Rafael Santos Torroella, Luis Felipe Vivanco, Juan Eduardo Cirlot o José de Castro Arines; teóricos históricos como Camón Aznar, Bonet Correa, Sánchez-Camargo, Gaya Nuño o Joaquín de la Puente; poetas como José Hierro, Vicente Aleixandre, Adriano del Valle o Gerardo Diego, dramaturgos como Alfonso Sastre, cineastas como José Luis Borau y Luis García Berlanga, arquitectos como Miguel Fisac, Sáenz de Oiza y José Luis Fernández del Amo y, cómo no, personajes ligados a la cultura del régimen como César González Ruano, Luis González Robles, Manuel Fraga y la condesa de Campo Alange (María Laffitte). De entre las firmas extranjeras, Gillo Dorfles, Victor Vasarely, Jean Milhau, Peter F. Althaus, Giuseppe Marchiori, Georges Pillement y Giulio Carlo Argan, entre otros.

En Ars Operandi TXTs reactivamos nuestro repositorio de catálogos y publicaciones en formato digital con la inclusión de estos dos documentos cuyas series impresas constituyen un testimonio historiográfico de primera mano para el estudio del arte contemporáneo. El número 34 de los Cuadernos de Arte es el dedicado a la obra de Isabel Santaló y cuenta con un texto crítico de José Caballero Bonald titulado Isabel Santaló, o «la moral construida». Por su parte, la obra de Antonio Povedano fue recogida en el número 80 de la colección, en una publicación que cuenta con un texto de Fernando Carbonell, director de exposiciones desde 1953 hasta los primeros 70 de las salas Liceo y Céspedes del Círculo de la Amistad de Córdoba, institución de la que fue director de 1965 a 1968 y figura clave en el devenir del arte contemporáneo en Córdoba, impulsando la vanguardia desde la Sala Liceo y conectando el arte periférico con la escena nacional.








