C3A, 10º aniversario. Melodrama (tres actos y coda)

Vista de Ciudad de quién. Al fondo, El rumor del tiempo, 1984, de Guillermo Pérez Villalta. Foto: Juan López. Cortesía C3A

Ángel Luis Pérez Villén / Ars Operandi

“Córdoba es una e indivisible, Córdoba está en su propia salsa. Esto es un pueblo”. Así la retrata Pio Baroja en La feria de los discretos, como un territorio en el que se respira la desidia, la hipocresía, incluso la amargura de sus pobladores. Impresión que es lugar común entre quienes distinguen en ella una belleza cautivadora, que sin embargo rinde culto a la consunción de la esperanza: “Una calma abrumadora, una soñolencia fatigosa pesaba sobre el pueblo, y en medio de esta calma, de este silencio de muerte, sonaba una campanada aquí, otra allá, y todas a cuál más lánguidas y tristes. Al anochecer, la magia del crepúsculo daba al pueblo y al paisaje lejano luces de oro y de rosa, colores espléndidos de una magnificencia extraordinaria”. Un pueblo que vive cautivo de un pasado glorioso del que cuesta desprenderse, un entorno dúctil pero también adánico, decadente y conservador, pero con ínfulas de quebrar el orden establecido. Y por aquí seguimos, fluyendo y sorteando obstáculos, sin renunciar a la voz interior que marca el norte y a la vez disfrutando de la decadencia de la belleza o quizá ansiando la restitución de la modernidad.

Y mientras tanto pasa el tiempo y el Centro de Creación Contemporánea de Andalucía cumple diez años. Han sido muchas y variadas las directrices, los apoyos y renuncias institucionales, las propuestas desarrolladas, las luces y sombras del C3A, que no se van a detallar aquí y ahora, pero que quizá sean la causa de que no haya conseguido calar en la ciudadanía como debiera. Concebido como un centro expositivo y de producción artística, con un programa de residencias consolidado y una Caja Negra que le posibilita para todo tipo de eventos multimedia, exhibe desde este verano una exposición colectiva celebratoria de esta primera década de funcionamiento. Ciudad de quién se nutre de obras procedentes del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) y de las que prestan otros museos y entidades locales, como el Museo Arqueológico, Museo de Bellas Artes, Ayuntamiento de Córdoba, Diputación Provincial de Córdoba, Palacio de Viana, Filmoteca de Andalucía, Cabildo Catedral de Córdoba, así como de varios prestadores particulares: herederos de José Duarte, Juan Bernier y las colecciones de Rafael Carrillo Maestre y Joaquín Fayos, entre otras.

Cuatro compuertas de regadío suspendidas, 2018, de Pablo Capitán del Rio. Foto: Juan López. Cortesía C3A

Magnífica recepción la de la obra de Pablo Capitán del Rio, demostrando la valencia taumatúrgica del arte, capaz de desfuncionalizar los objetos para revertirlos de otro fin, en este caso el de las compuertas de regadío, que aquí adquieren la enjundia del arte minimal, desplazado y nimbado por un sesgo conceptual -vía Bruce Nauman- y nos regalan la vista e invitan a penetrar en esta ciudad de nadie. Precipitado secular de culturas en las que, no obstante, en palabras de Carlos Castilla del Pino: “la estructura social estaba rígidamente estratificada y cada cual sabía cuál era su sitio y el de los demás”. Pareciera que la cita del psiquiatra y pensador cordobés, situada en el acceso a la primera etapa de la exposición fuese un guiño irónico, puesto que en el interior nos asalta esa fastidiosa heterogeneidad que complica la experiencia de la visita. Y es que dicha cualidad que en exposiciones colectivas como esta se compra como un valor en sí mismo, aquí resulta fortuito y gratuito. Me explico: no puedo más que celebrar obras de máximo interés, como las de Alan Sekula, Martha Rosler, Joseph Kosuth, Christo o Francis Bacon, pero no alcanzo a entender qué puntúan en este relato, cuál es su función en esta secuencia.

En este primer capítulo –Genealogías. Habitar las capas de mitos compartidos– en el que se apela a narrativas e historias en torno a leyendas, mitos y ritos que confluyen en el valor simbólico asociado a las huellas, perfiles y ecos de una ciudad en particular, la nuestra, es razonable que se llamen a capítulo a figuras y personajes como San Rafael, presente en pintura -magnífico el Valdés Leal- y escultura -orfebrería y platería de Damián de Castro. En este contexto cobra todo el sentido la presencia de Pepe Espaliú, incluso Julio Romero de Torres con sus retratos idealizados, aquél con obras relacionadas con el excluido, el apestado por el virus del VIH y necesitado de cuidados (Carrying VII y El hijo pródigo, ambas de 1992) y que podría haber estado aún mucho mejor representado con los dibujos de muletas en torno al Puente Romano de Córdoba, un proyecto que el artista no consiguió llevar a puerto.

Vista de Ciudad de quién. De izda. a dcha. obras de Damián de Castro, Valdés Leal, Robert Motherewll, Pepe Espaliú, Martha Rosler y Julio Romero de Torres. Foto: Juan López. Cortesía C3A

Al hilo de esta estela que se presta a concitar la elocuencia del cuerpo como sintáctica de la crítica y la denuncia, se añade la persistencia de la memoria en la configuración de una serie de obras, excelentes, de Manolo Millares (Cuerpo caído, 1966), Ana Mendieta (S/T Siluetas, 1980), Nuria Carrasco (Encuentros, 1997), Guillermo Pérez Villalta (El rumor del tiempo, 1984) y Robert Motherwell, con un maravilloso Lament for Lorca, 1981, del que por cierto -de Lorca- se exhibe un pequeño dibujo. Y aquí hay que aplaudir la licencia discursiva -la casada infiel del Romancero Gitano– que enlaza con el dibujo de José Caballero del mismo título y algunos fragmentos del diario del poeta Juan Bernier, a quien se le podrían haber añadido otros miembros de Cántico. Por último, son de reseñar las inclusiones, al menos testimoniales, de piezas arqueológicas relacionadas con el acervo romano e islámico de la ciudad, en especial habría que destacar la celosía de mármol de época andalusí que dialoga a la perfección con el trazado del edificio de Nieto y Sobejano, también atravesado por la luz -en parte del paramento- y en ocasiones cenital de sus celdas hexagonales que remiten a la geometría de tradición islámica.

Vista de la exposición. De izda. a dcha. obras de Nuria Carrasco, fragmento de mosaico romano, lápida de época andalusí, documentos del Diario de Juan Bernier y serigrafía de Federico Guzmán. Foto: Juan López. Cortesía C3A

Nos hallamos en el segundo apartado de Ciudad de quién, donde también hay que destacar la inclusión de Rita Rutkowski, con una obra magnífica –Campo de la Verdad, 1963- ensamblada a la perfección en este ámbito Donde la ciudad atraviesa el tiempo. No obstante, el display expositivo cobra excesivo protagonismo mediante cortinajes, alfombras y soportes cuando menos disruptivos, estos últimos como si de una pieza escultórica de Txomin Badiola se tratase. El prodigio se repite en el capítulo siguiente –Cartografías ciudadanas. Relatos visuales y sociales del territorio– si bien trufado de extrañeza: qué papel se le otorga en esta sección al interesante mural de Manolo Quejido o a la estupenda instalación Panorama móvil: de ida y vuelta, 2024, propia del arte relacional del colectivo Ojo Pértico y Alegría y Piñero. Inmersa en su salsa hallamos la serigrafía Wetback, 1992 de Federico Guzmán y los óleos del extrarradio cordobés, del Sector Sur -barquillas incluidas- de José Duarte, muy bien representado (como por otra parte se merece en una cita como esta). Elogiable la propuesta de Sergio Belinchón, otorgando carta de naturaleza a ciudades ilusorias -a mitad de camino entre lo real y lo ficticio- como las del Western, 2007, almeriense.

Fotografías de la serie Western, 2007, de Sergio Belinchón. Foto: Juan López. Cortesía C3A

También está representado Rafael de La-Hoz, aunque hubiese sido más acertado, según criterio propio, hacerlo con alguna pieza relacionada con su célebre Proporción cordobesa. En el extremo opuesto, el de la deconstrucción analítica del movimiento moderno, tenemos los despojos de la antigua Cooperativa Algodonera de Córdoba –El tercer patio. Los kebraos, (La Algodonera), 2022- reconducidos por Álvaro Perdices hasta el espacio expositivo del museo. En este punto me permito sugerir una petición; mejor dicho, elevo una duda razonable, cómo se explica que en una muestra como esta no estén presentes los 12 ejercicios de medición sobre la ciudad de Córdoba, 1974 de Isidoro Valcárcel Medina, adquiridos por el CAAC en 2023. Lo que sí que sorprende es el error de proximidad que se perpetra al exhibir maquetas exclusivas de Juan Serrano como de Equipo 57, por más que fuese miembro del colectivo. Así como la excelente pieza de Wolfgang Tillmans Neutral density, b, 2009, qué sentido tiene su presencia en este ámbito.

Vista de la exposición. Al fondo, una de las obras de Sector Sur, 1965-1969, de José Duarte. En primer término, maquetas de Juan Serrano. Foto: Juan López. Cortesía C3A

Sin embargo, sí son de agradecer las alusiones directas a diferentes personajes, acontecimientos y enclaves de la ciudad a través de una selección generosa de obras, donde hallamos trabajos de Alfred Guesdon, Barcia Pavón, Amadeo Ruiz Olmos y Miguel de Verdiguier, entre otros. A partir de aquí la exposición pierde fuelle por varias razones: el espacio restante es una sucesión deslavazada de propuestas que no alcanzan a significarse, por su emplazamiento, montaje e iluminación, como se merecen. Sirva como ejemplo la excepcional instalación escultórica de Ibon Aranberri –Found dead, 2007-2011- que al atravesar el espacio expositivo y desplegarse fuera del edificio compite con piezas del colectivo danés Superflex, de la colección del CAAC, pero no integradas en la exposición. No corren mejor suerte las obras -huérfanas- de una serie de artistas cordobeses, como Juan López, cuya magnífica pieza de vídeo –En las afueras, 2015- se enmarca en un extravagante soporte frente a una excelente instalación de Dionisio González que tampoco forma parte de la exposición. Igual suerte -mala suerte- corren las transparencias en torno a Sequnda, 2017 de Ángeles Alcántara.

Ciudad de quién. Vista del espacio destinado a la Fundación Arquitectura Contemporánea. Foto: Juan López. Cortesía C3A

Finalmente, la Fundación Arquitectura Contemporánea interviene en el espacio de lo que es o era la Mediateca, proponiendo “una reflexión en torno a tres escalas de producción espacial: el cuerpo y sus vínculos, los ecosistemas humanos y no humanos y las utopías”, según consta en la web del C3A. El logro es harto difícil de precisar por cuanto no está al alcance de cualquiera, mientras que las consecuencias son poco halagüeñas: una escultura de Miguel Ángel Moreno Carretero, a contraluz natural. Y sendas obras del CAAC: un óleo de Equipo 57 –S/T, 1961- colocado en un pasillo y uno de los Confines, 2004 de Tete Álvarez, este ya sin cartela que lo identifique. No se puede cerrar esta reseña sin hablar de otros artistas cordobeses bien representados, aparte de los ya citados más arriba: me refiero a Fernando Vacas –Ecos del Campo de la Verdad, 2026- y Pilar Monsell –Aquella noche un destello, 2026- con sendas producciones audiovisuales expresas para la ocasión que se exhiben en espacio propio en el primer acto de la muestra. No quisiera terminar esta reflexión sin compartir una conjetura: tengo la sospecha de que se ha perdido una prodigiosa ocasión para hacer de la celebración del décimo aniversario del C3A una exposición memorable.


Ciudad de quién. Colección CAAC. 10º Aniversario

Centro de Creación Contemporánea de Andalucía, C3A. Córdoba

Comisarios: Gilberto González y Lola Baena

Hasta el 14 de febrero de 2027


 

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