
Redacción / Ars Operandi
La comunidad artística asiste con pesar a la noticia del fallecimiento de Michel Hubert Lépicouché, crítico de arte, comisario y poeta francés establecido desde hacía décadas en Villafranca de los Barros (Badajoz). Miembro de la sección francesa de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA), desarrolló buena parte de su actividad en Extremadura, Andalucía y otros puntos de España. En 2016 la Asociación de Amigos del Museo Vostell Malpartida lo nombró Socio de Honor. Desde finales de los años 80 mantuvo una incesante actividad crítica que le llevó a elaborar decenas de textos para catálogos de numerosos artistas con los que mantuvo estrechas relaciones de amistad a lo largo de su vida.
A partir de 1989 es posible rastrear textos dedicados a artistas como Juan Barjola, textos en los que establece ya una estrecha relación entre la escritura y la pintura, tema éste que volvería a retomar posteriormente en distintos proyectos. En los años noventa su campo de trabajo se fue ampliando y escribe de artistas como Santiago Arranz, Javier Flores, José María Larrondo, Horacio Sapere y José Manuel Ciria. En torno al cambio de siglo su actividad comenzó a adquirir una presencia más definida en Andalucía. En 2000 escribe sobre los artistas de la renovación de la escena artística sevillana en la quinta carpeta de 50 Ojos, presentada en la Galería Margarita Albarrán con semblanzas dedicadas a Javier Buzón, Salomé del Campo, Federico Guzmán y Paco de la Matta. En ese mismo periodo vuelve a aflorar la relación entre pintura y paisaje con textos para la exposición de José Manuel Ciria en el MEIAC.
Córdoba se convirtió progresivamente en otro de los espacios centrales de su actividad. Su relación con el artista menciano Javier Flores produjo varios textos a lo largo de su carrera. El síntoma del laberinto en la obra de Javier Flores, presentado en la Sala El Brocense de Cáceres, La vida como espacio hodológico en el laberinto de Javier Flores, vinculado a una exposición en Córdoba y en 2009 con La voz gestual de Javier Flores para el Museo de Cáceres. Especial relación mantuvo en esta ciudad con la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí. En 2005 comisarió Pintores literarios, una colectiva con obras de Santiago Arranz, María José Gallardo, Cristina Lama, José María Larrondo, Luis Ledo, Pilar Molinos, Guillermo Pérez Villalta, Matías Sánchez y Horacio Sapere. Producida por la fundación y en colaboración con las diputaciones andaluzas, desarrolló ese mismo año uno de los proyectos que mejor definen su trayectoria, La estética del olivar, una exposición que reunió obras de distintos artistas en torno al olivo y al paisaje asociado a su cultivo. La exposición se presentó en Córdoba, Alcalá la Real, Cazorla, Úbeda y Jaén y posteriormente en Málaga y entre los artistas participantes se encontraban Federico Guzmán, Paco Lara-Barranco, Angustias García,Santiago Arranz, Javier Flores, Jacinto Lara y Manuel Muñoz, entre otros.

Lépicouché colaboró de forma continuada con el Museo Vostell de Malpartida, el centro dedicado a Wolf Vostell, Fluxus y las prácticas de acción. De esta manera, en 2006 y 2007 formó parte del equipo de comisariado de Pianofortissimo, exposición realizada en colaboración con la Fondazione Mudima de Milán que reunía instrumentos intervenidos y preparados por artistas y músicos vinculados a las experiencias de Fluxus. En 2008 comisarió el proyecto Una superación del arte. Mayo del 68 o el espectáculo de la sociedad, dedicado a las experiencias artísticas y culturales relacionadas con Mayo del 68. La exposición reunió nombres vinculados a diferentes formas de vanguardia y arte de acción, entre ellos Guy Debord, Gerardo Dicrola, Erik Dietman, Esther Ferrer, Robert Filliou, Hervé Fischer, Juan Hidalgo, Michel Journiac, Jean-Jacques Lebel, Antoni Miralda, Orlan, Gina Pane, Gianni-Emilio Simonetti, Ben Vautier, Claude Viallat o Wolf Vostell.
A partir de la década de 2010 cobra mayor presencia en sus escritos y comisariados la relación entre arte y naturaleza. En Paradeisos. Culturas del aceite y arte contemporáneo, comisariada junto a Óscar Fernández, abordan las culturas del aceite como un laboratorio de percepción de esa escultura social de la que hablaba Joseph Beuys, y lo llevan a escena con obras del propio Beuys además de artistas como Bleda y Rosa, María Cañas, La Ribot, Antoni Miralda, Fede Guzmán, Julia Montilla, Daniel Palacios y Monserrat Soto, entre otros. En 2013 volvió a colaborar con Federico Guzmán en La canción del tomaco para la Fundación Ortega Muñoz, donde la naturaleza aparecía entonces no sólo como paisaje representado, sino como materia cultural y como punto de partida para una reflexión sobre los desplazamientos, las sociedades y los territorios. En 2014 comisarió La Primavera de la Pintura, exposición de la Fundación Pons que recaló en Madrid, Tomares, Don Benito y Huelva. La muestra reunió a un conjunto amplio de artistas, muchos de ellos de cabecera, entre ellos Santiago Arranz, Hilario Bravo, Hâshim Cabrera, Jacinto Lara, José María Larrondo, Luis Ledo, Ruth Morán, Miguel Rasero, Horacio Sapere y Matías Sánchez en una itinerancia volvió a poner en relación espacios de Madrid, Andalucía y Extremadura.
La naturaleza en su relación con la imagen y escritura es el tema que aborda Cum Pictura Poesis. Libros de artista relacionados con la naturaleza, exposición que comisarió en 2015 en el MEIAC para la Fundación Ortega Muñoz. La muestra incluía libros de artista, poesía, fotografía, escultura y pintura con obras de Javier Flores, Santiago Arranz, Hilario Bravo, Hâshim Cabrera, Jacinto Lara, David López Panea, Ruth Morán, Paloma Souto, Richard Long, Wolf Vostell y Hamish Fulton. Córdoba volvió a ocupar un lugar destacado en 2019, cuando comisarió Mâqamât, exposición de Hâshim Cabrera en el Centro de Arte Rafael Botí. Cabrera ya había formado parte de proyectos anteriores relacionados con Lépicouché. Ese mismo año había participado como miembro del jurado de la IX Bienal de Artes Plásticas Rafael Botí, junto a Lucía Casani y Beatriz Espejo.
Una trayectoria literaria y artística marcada, como apuntamos, por la estrecha relación de amistad que mantuvo con artistas como Santiago Arranz, los cordobeses Javier Flores, Hâshim Cabrera, Miguel Rasero y Jacinto Lara, Horacio Sapere, José María Larrondo, Matías Sánchez y Cristina Lama, David López Panea o Hilario Bravo, todos ellos referenciados por Hubert en numerosas ocasiones a lo largo de sus carreras. Artistas, amigos e instituciones como el MEIAC o el Ayuntamiento de Villafranca han expresado su pesar por su fallecimiento y el recuerdo de una trayectoria compartida. Su ausencia deja una impronta en quienes lo conocimos y el recuerdo de los proyectos que desarrolló aquí, en su tierra.
Cerramos este obituario con sus propias palabras, en un texto publicado en la Revista Suroeste titulado Crónica de invierno en la llanura del sur que dice así:
«Se eternizó en exceso el invierno en secar los caminos encharcados, y ninguna alberca recordaba haber estado rebosando tanto. Con el agua vertida los olivos de las tierras bajas parecían sauces postrados bajo el peso de sus ramas en un paisaje de lagunas. Andar por los caminos empapados me obligaba a rectificar su trazado a cada paso según los caprichos del relieve que me forzaba a hacer eses más allá de sus cunetas. Caminaba con los pies llenos de barro, bajo un cielo gris que hilaba inexorablemente el capullo de sus hojas de este a oeste, hasta mi total transformación en crisálida atrapada en el espesor de noches sin luna. Dormía allí donde lo decidía el crepúsculo y el alba volvía a encontrarme con todo el cuerpo metido en ese arte de andar que sólo se despliega verdaderamente en el espacio interior del mundo que nos atraviesa. Al seguir así los pasos de Rilke, me sentía atravesado como él por el vuelo silencioso de las aves y, cuando miraba a lo lejos el frente frondoso de un olivar, era dentro de mí donde las raíces venían a sacar la savia que daba vida a sus ramas».








