Umbrales de Chema Rodríguez en Objeto Dardo

Umbral de Chema Rodríguez en Objeto Dardo. Foto: Cortesía del artista

Reyi Pérez Castillo / Ars Operandi

Pocas letras emocionan más que aquella en la que Peteco Carabajal recordaba las manos de su madre: «Las manos de mi madre llegan al patio desde temprano/ todo se vuelve fiesta cuando ellas vuelan junto a otros pájaros». El poeta retrataba con una sensibilidad excepcional la levedad y gravedad de los cuidados maternales y el contexto era preciso: el patio en el que su madre lavaba y cocinaba el pan. Seguro que Gastón Bachelard encontraría en las palabras del argentino un reflejo exacto de sus teorías sobre el hogar (La poética del espacio, 1957): la casa, más allá de estéril esqueleto arquitectónico, es un cofre de la memoria viva, el primer cosmos donde la imaginación humana echa raíces. Así, la intimidad y los rincones habitados operan como cajas de resonancia poética. No importa el objeto en sí, sino el gesto invisible de habitarlo y la huella que deja en nuestra conciencia. Umbral de Chema Rodríguez es, puramente, esto.

Umbral de Chema Rodríguez en Objeto Dardo. Foto: Cortesía del artista

Al abordar el patio como un límite físico pero también cargado de infraleve, el artista nos hace reflexionar acerca de los procesos de «pintoresquización» o patrimonialización (encarnado, cómo no, en los célebres patios cordobeses) y, frente ello, desplaza nuestra mirada, construyendo una imagen mucho más esencial y descapitalizada: ese «vacío primigenio», que diría Bachelard, es un espacio que permite a la luz, el aire y el cielo visitar la casa y en el que acontece, como bellamente describiría Unamuno «la oscura y silenciosa labor cotidiana y eterna».

Umbral de Chema Rodríguez en Objeto Dardo. Foto: Cortesía del artista

El encalado, el riego, la sombra proyectada… Cada pieza que configura Umbral es como un murmullo que nos habla del cuidado del hogar, de la tremenda poética que habita en el silencio de la noche o el bullicioso cantar de los pájaros en la mañana. Todo ello reverbera en nuestro inconsciente popular. Me refiero a esas imágenes que muchos andaluces, provenientes de ámbitos más o menos rurales, rememoramos evocando cierto locus amoenus de juventud. Un paraíso, eso sí, perdido hoy y fingido en los relucientes escenarios de la cultura.

Umbral de Chema Rodríguez en Objeto Dardo. Foto: Cortesía del artista

Y, más allá del fantasma de nuestros patios, el fantasma de otros patios del mundo. Esta propuesta no es, de ninguna manera, localista. Los ecos de estas piezas residen en nuestro Sur, sí, pero también hablan de las memorias de un niño que creció en Santiago del Estero, al norte de Argentina.


Umbral. Chema Rodríguez

Objeto Dardo, Córdoba

Del 10 de septiembre al 9 de octubre


 

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